A veces, me sorprende que nadie diga abiertamente que tiene miedo. Ves a tu alrededor y parece que sólo tú sientes que tienes miedo. Sin embargo, si observas un poco a los demás, te das cuenta que los temores también están presentes en sus vidas. Muestran miedo los que se enfadan irracionalmente, los que se muestran huidizos o los que ante ciertas situaciones cotidianas se bloquean.

Algunos de nosotros necesitamos mucho dolor para buscar ayuda. Una opción muy extendida, es vivir sintiéndote desdichado, aguantando la vida, apenas pasándola, sin saber que existen premios diarios por el simple hecho de estar vivos y vivir nuestra propia vida.

El miedo es como una corriente subterránea interna que genera gran parte de nuestras emociones negativas. Es el gran motivo que nos impulsa a esconder nuestras emociones, a controlar en exceso tanto la vida de otros (sobreprotección), como las situaciones que vivimos (actitudes inflexibles), es la que nos pone piedras en nuestro camino cuando queremos perseguir nuestras metas y objetivos (creencias negativas) o es la que nos guía para escondemos detrás de la figura de alguien que nos absorbe (codependencia), entre otras influencias. El miedo nos impide vernos a nosotros mismos.

Ser conscientes de nuestros miedos, tiene la recompensa infinita de encontrar nuestro poder interior, nuestro valor como persona.

Una amiga me contaba: “Durante este último año llegué a comprender lo aterrada que he estado viviendo durante toda mi vida. Todos estos años he vivido a través del miedo. He estado sola, desconectada de la gente la mayor parte de mi vida.”  Su relato era realmente duro.

Me continuaba diciendo: “Siempre me sentía sola, estresada, exigiéndome demasiado. No lograba mantener una relación. Creo que la mayor parte de mi vida, he estado enfadada con todo y con todos. La ira era la fuente de mi energía vital. Era como una fuerza en la sombra que gobernaba mi vida.

La fuerza en la sombra que le provocaba el miedo, alcanzaba niveles de pánico que afectaba a su relación con otras personas y la forma en cómo vivía las circunstancias que le sucedían. El miedo a sí misma y a sus sentimientos, le impedía expresarse libremente.

Muchas personas no son conscientes de lo asustadas que están. Este es el testimonio de Pablo, sobre el camino que le llevo a la codependencia y sobreprotección:

“Hace un tiempo me di cuenta del miedo con el que viví la mayor parte de mi infancia y adolescencia. Era totalmente inconsciente de lo que me pasaba. En aquellos años, ni veía ni sentía ese temor, pero era lo que controlaba la mayor parte de mis acciones”.

Me contaba su experiencia: “Durante gran parte de mi vida, mi padre era muy importante para mí, pero tenía muy poca consideración conmigo. Le perdonaba una y otra vez. Era demasiado comprensivo con él. Siempre confiaba en que pronto, me tendría en cuenta y me valoraría. Solo tenía que darle otra oportunidad mas. De forma totalmente inconsciente, le intentaba ayudar por mi miedo a perderlo y pensaba obsesivamente en como conseguir su valoración. No me daba cuenta que me quedaba en un segundo plano, olvidándome de mí mismo. Había aprendido a dejarme controlar por él (codependencia) y a ayudarle excesivamente (sobreprotección).”

“Para protegerme de mi miedo, me fijaba en quienes él admiraba para copiar lo que hacían, buscaba desesperadamente llamar su atención. Ese mismo miedo me anulaba como persona y no me permitía valorarme. Ponía las necesidades y los deseos de mi padre por encima de los míos. Me sentía protegido permitiendo que me controlara, agazapado detrás de su figura. Era mi forma de enfrentarme a la vida. Me sentía seguro, a costa de perder el contacto con mis metas reales. Inconscientemente, entregué mi poder interior, mi valor como persona… yo era el responsable de esta actitud, pero en aquella época me sentía una víctima… Y ÉL TAMPOCO SE DABA CUENTA.”

“Ahora todo es diferente. El cambio se produjo dentro de mí. Para liberarme, necesité ver lo que me pasaba de una forma tranquila y suave, estando siempre conmigo. Fue muy importante haberme sentido apoyado para no abandonar en los momentos duros. Si lo hubiese intentado solo, habría sido mucho mas difícil, doloroso y solitario.”

 

El gran salto para sentirnos libres, 

es aprender a relajarnos, soltar en lugar de controlar, 

cuidar de nosotros y aprender a manejar nuestro miedo.

 

En el momento en el que nos sintamos incómodos con lo que hacemos, porque va en contra de nuestra propia verdad y de lo que queremos, estamos en peligro. Sí, la palabra es peligro. Debemos ser conscientes que somos mas vulnerables de lo que creemos.

Es hora de buscar tu suerte, de sentirte afortunado. Quizá te da miedo pensarlo. Cuando no tenemos autoestima, solemos creer que tenemos defectos insalvables que impedirán conseguir nuestros objetivos… ¿Para qué lo voy a intentar si no voy a ser capaz?

Todo cambia cuando eres consciente que todos tenemos dentro una luz única. La recompensa de encontrar tu poder interior, es una vida llena de sueños que sientes que puedes ir detrás de ellos. Es hora de que rompas los límites que te has autoimpuesto.

Con nuestra ayuda, o del profesional que elijas, te aseguras estar siempre bien enfocad@, atendiendo a tus verdaderas responsabilidades que son: cuidarte de ti mism@, dejar espacio para tus sentimientos, para tus necesidades, deseos y metas. Priorizar tus planes de vida, con el propósito de sentirte en paz contigo mism@ y ser feliz.

Por Iván Álvarez “Milo”