En este relato os quiero contar cómo y cuándo actúan dentro de nosotros, lo que los expertos llaman reacciones animales. Nos cuentan que, cuando sentimos miedo ante un peligro, tendemos a reaccionar de forma inconsciente con tres patrones innatos que provienen de nuestros antepasados primitivos.

Este tipo de reacciones animales, se conocen como reacciones 3F (por sus siglas en inglés de Fight, Fly and Freeze). Estos comportamientos son:

ENFRENTARSE o LUCHAR                       ESCONDERSE                                    HUÍR

Un buen ejemplo de estas reacciones es la experiencia de Joan, el cual tenía una relación complicada con su superior:

“Realmente me sentía maltratado por Cristina, mi jefa. Nunca me escuchaba cuando le proponía una idea y ni tan siquiera la tenía en cuenta. Después de hablar con ella, siempre me iba frustrado y cabreado. Estaba bloqueado y tardaba en superarlo. Era una situación que me desesperaba y no sabía como solucionarlo. No aceptaba el papel que tenía que desarrollar en la empresa.”

Eran muchas las sensaciones negativas que perturbaban a Joan. Al sentirse incomprendido e infravalorado, le generaba una frustración que le llevaba al conflicto.

“Si tuviera que escoger qué reacción de las 3F tenía, me quedo con el enfrentamiento. Iba al choque de forma automática y mostraba una actitud a la defensiva. Ahora veo que inconscientemente, creaba un ambiente tenso y esto no ayudaba a resolver la situación. Era difícil que con mi manera de actuar, Cristina confiara en mí.”

Joan vivía imaginándose constantemente situaciones conflictivas con su jefa. Esto hacía que su relación con ella se convirtiera en una amenaza. Provocaba inconscientemente conflictos.

A Joan le sorprendió cuando le propuse controlar las emociones: “Lo veo imposible, esta es mi forma de ser”. Me contestó. Le respondí que “sólo tenemos que ser conscientes de cual es la herida que te lleva a esta situación.”

Las reacciones que tenía Joan, eran provocadas por las heridas del pasado. Me refiero a experiencias negativas de la infancia aún no resueltas y que le volvían una y otra vez de forma inconsciente.

“Darme cuenta que tenía una herida del pasado que me afectaba hoy en día fue algo que no me lo esperaba. De pequeño, no sentí la aceptación ni la valoración de mi madre. Luchaba para conseguirla, pero sentía que no estaba a la altura. Esto me llevó directo a la falta de confianza y a la frustración. Pensaba que después de tanto tiempo, era algo que había superado, pero no era así.”

El bloqueo que sentía Joan cuando le infravaloraban, le provocaba una carga emocional y un nerviosismo que le hacía perder el control de sí mismo. Había fuerzas superiores a él que modificaban su comportamiento. Ese era su verdadero problema… y se reflejaba en el cuerpo mediante ansiedades, agobios, dolores corporales, etc.

“En realidad, veía reflejos del pasado cada vez que Cristina tenía la misma actitud que mi madre. Reaccionaba ante ella como reaccionaba con mi madre. Pero no solo me ocurría con mi jefa, empecé a ser consciente que cuando alguien no me valoraba, mi reacción inconscientemente era la de enfrentarme a esa persona. Me sorprendió que todo viniese por los problemas que tuve en mi niñez, pero era cierto. Mi transformación vino cuando entendí mi comportamiento. Aún a día de hoy, siento que es algo que llevo muy adentro y que me cuesta afrontarlo y superarlo.”

Ese estado en el que vivía, de continua búsqueda de su valoración, le hacía vivir para los demás. Contaba Joan que: “Lo mas curioso era que realmente no tenía claro cual era mi verdadero objetivo de vida. Estaba tan enfangado en mis luchas diarias para que me valoraran, que me olvidé de mi mismo.” El resultado era que: “lo que pensaban los demás, estaba por encima de mis prioridades“.

El primer paso que dimos, fue bajar su carga emocional a un nivel en el que fuera capaz de controlar su comportamiento. Había que templar su reacción y aprender a pararse antes de actuar. Teníamos que pasar del esfuerzo constante en búsqueda de la valoración, a la relajación. Necesitábamos encontrar el equilibrio tanto físico como mental.

Decía Joan que: “ en aquella época, la relajación la veía como un lujo que no me podía permitir”.

Aprender a relajarse y a ser consciente de sus heridas del pasado, fue una parte muy importante para su recuperación.

En resumen, las perturbaciones y los conflictos internos que tenía por la falta de valoración, le llevaban al enfrentamiento con su superior. Su mente distorsionaba su realidad y la adaptaba a su herida de la infancia. En realidad, él mismo se predisponía al enfrentamiento. Como muchas veces nos ocurre, nuestras heridas influyen en el comportamiento que tenemos en la sociedad.

“Al saber el porqué hacía las cosas así, me llevó a comprenderme mucho mas a mí mismo. Empecé a ver a Cristina como era como persona. Ahora tengo una buena relación con ella.”

El camino que sigues al perseguir los fantasmas de tus heridas, no reflejan tus objetivos de vida. Para ser la persona que quieres ser, es necesario romper estas cadenas. De forma tranquila, empiezas a dar mas importancia a tus prioridades. Tus heridas dejan de ser tan “manipuladoras” de tu comportamiento.

Tenemos que ser conscientes que nosotros somos los responsables de nuestra forma de actuar. Independientemente de lo que hagan los demás. Nuestro pasado seguirá estando ahí intoxicándonos y envenenándonos, y tenemos que aceptar que también forma parte de nuestra vida.

Después de solucionar la relación con su jefe, comenzamos con la siguiente transformación. En el coaching lo hacemos desde el objetivo, desde ser consciente de cual es el verdadero propósito de tu vida.

Por Iván Álvarez “Milo”