Somos un misterio. A veces, intuyo que soy algo más que mi cuerpo, algo más de lo que veo y entiendo. Siento que todos somos uno como espíritu. Que provenimos del mismo lugar y compartimos el mismo destino. Es una forma de entenderme y entender el mundo fuera de mi mente lógica. Intentaré explicarme con una parábola que escuché una vez:

“Imagínate que eres una gota de lluvia. Durante la caída observas a tu alrededor y ves multitud de gotas que provienen, al igual que tú, de la misma nube. Durante el trayecto eres una gota individual, con tu propia identidad, separada de las demás gotas que te rodean, recorriendo cada una, su propio camino. Ahora, imagínate que llegas al final y tocas el agua del océano. Como gota de agua que eres, te disuelves. El agua que contenía la gota no desaparece, sino que pasa a formar parte del enorme océano. Dejaste de ser una gota unipersonal y separada del resto… al igual que las demás gotas de lluvia.”

Somos una gota que se disolverá en el agua, pero, como decía la Madre Teresa, “el mar sería menos si le faltara esa gota”.

Por Iván Álvarez “Milo”